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Medicina Moderna

 

Índice Medicina Moderna

 


SOBRE LA CLONACIÓN

 

 

1. En qué consiste:    - ¿Qué es?

                                   - ¿Por qué es posible?

                                   - ¿Qué dificultades presenta?

2. Cómo se hizo Dolly

3. La clonación animal: aplicaciones e implicaciones éticas

4. La clonación humana y sus implicaciones éticas:

            - Con fines reproductivos

            - Con fines terapéuticos. El descubrimiento de las células madre embrionarias

5. Alternativas a la clonación humana con fines  terapéuticos

 

 

 


           

         1. En qué consiste la clonación.

 

            ¿Qué es clonar? La clonación puede definirse como el proceso por el que se consiguen de modo asexual individuos idénticos a un organismo adulto. Conseguir clones a partir de los animales superiores no es fácil, y resulta imposible si se intenta por el método más sencillo de generación de nuevos individuos: la reproducción natural. La reproducción de los animales superiores es sexual, y este tipo de reproducción por su misma naturaleza genera diversidad. La diversidad es una ventaja desde el punto de vista biológico, ya que supone para la especie en su conjunto el contar con individuos variados que puedan adaptarse a las condiciones también diversas del entorno. De hecho, sólo las especies más primitivas tienen modos de reproducción que no dan lugar a individuos diversos sino a muchas copias idénticas a los progenitores, son los llamados modos de reproducción asexual: gemación bipartición, etc...La clonación de animales superiores requiere, por tanto, que recurramos a un procedimiento distinto, artificial, que consiste en conseguir nuevos individuos a partir de las células no sexuales del organismo adulto, también llamadas células somáticas o diferenciadas.

           

            Pero, ¿es eso posible? La clonación (reproducir de forma asexual un organismo adulto) se planteó porque el descubrimiento del ADN y el conocimiento de cómo se transmite y expresa la información genética en los seres vivos parecían indicar que era posible.

 

            Para entender mejor esto hace falta recordar brevemente cómo “está hecho” un ser vivo. Un determinado animal está compuesto por millones de células, que vienen a ser como los ladrillos que forman el edificio que es el ser vivo. Esas células tienen aspectos y funciones muy diferentes. Sin embargo todas ellas tienen algo en común: en sus núcleos presentan unas largas cadenas que contienen la información precisa de cómo es y cómo se organiza el organismo: el ADN. Siguiendo con el ejemplo del ser vivo como un edificio, el ADN de cada célula contendría “los planos” de cómo es todo el edificio, y no sólo de la parte y la función en que ellas están implicadas. Así, cada célula expresa (utiliza) la información correspondiente a su función, pero tiene igualmente almacenada la información sobre cómo son y cómo deben funcionar las demás células. Esto es así por una razón muy sencilla: todas las células de un organismo derivan de una célula inicial: el embrión unicelular o cigoto, la forma más pequeña del nuevo ser vivo, que va dividiéndose sucesivamente dando lugar a más y más células, haciendo en cada división copias idénticas de su ADN (fotocopias de los planos) para que cada célula tenga la información de cómo es todo el individuo. Teniendo esto en cuenta, si quisiéramos hacer una réplica idéntica de un determinado organismo no tendríamos más que recurrir a cualquiera de sus células y conseguir que esa información se exprese, se ponga en funcionamiento y nos produzca otro ser. Además, tendríamos otro punto a nuestro favor y es que disponemos de la tecnología para conseguir que las células vivan y crezcan fuera del cuerpo, mediante las llamadas técnicas de cultivo celular, y contamos también con la tecnología de manipulación de embriones.

 

            Sin embargo, pronto se comprobó que no es en absoluto fácil conseguir un nuevo ser a partir de una célula cualquiera del organismo adulto. La clonación, por el contrario, presentaba dificultades aparentemente insuperables. Como hemos dicho antes, las células de distintos tipos que constituyen el ser vivo pueden vivir y crecer en cultivo, pero es muy difícil que den lugar a un nuevo organismo: se limitan a dividirse y producir más células especializadas como ellas. Aunque tienen la información de cómo hacer el ser vivo, la especialización ha hecho que “pierdan memoria”: sólo recuerdan la parte de información que usan habitualmente y no pueden reprogramarse y empezar de cero a producir un nuevo ser. O al menos esto se pensaba hasta que se publicó la existencia de Dolly.

 

 

            2. Cómo se hizo Dolly

 

            Dolly ha sido el primer animal clonado, es decir, obtenido a partir de una célula diferenciada o somática, sin que hubiese fecundación. Esa célula procedía de un cultivo de células obtenidas a partir de la ubre de la oveja que se quería clonar. Como ya se ha explicado, las células de un determinado tejido en cultivo no dan espontáneamente embriones, sino más células diferenciadas como ellas: no “recuerdan” cómo se lleva a cabo el programa embrionario. Para lograr que una de esas células “recuperase la memoria” y diera lugar a un nuevo ser, se hizo lo siguiente: se tomó el nucleo de esa célula, que es la parte que contiene el ADN, o sea la información sobre el animal que nos interesa replicar, y se fusionó con el citoplasma de un óvulo al que previamente se había eliminado el núcleo. Se utilizó un óvulo porque es una célula equipada para dar lugar al programa embrionario, y su citoplasma (el contenido que rodea al núcleo) vendría a ser de algún modo el entorno adecuado para que el núcleo de la célula adulta se reprogramara y diera lugar a un nuevo ser. Y en efecto, así fue: esa célula pasó a ser un embrión unicelular, y comenzó el sofisticado programa embrionario, de manera idéntica al que se obtiene a partir de la fusión de un óvulo y un espermatozoide. Tras unos días de crecimiento in vitro el embrión se implantó en una madre de alquiler y 148 días después nació Dolly, una oveja genéticamente idéntica a la de partida, una gemela artificialmente realizada de esa oveja. Dolly fue el único resultado positivo de 277 intentos de los que se consiguieron 29 embriones, de los cuales muchos no llegaron a desarrollarse y otros murieron al poco de nacer.

 

           

3. La clonación animal: aplicaciones e implicaciones éticas

           

 

               ¿Cuales son las posibles aplicaciones de la clonación en animales?:

 

 


 

 


     1.     La clonación nos permitiría contar con muchas copias de animales que nos interesan por diversos motivos:  por sus características naturales (producción de leche, salud, longevidad...) o por características que hemos introducido nosotros gracias a las nuevas tecnologías de manipulación genética. En los últimos años se ha presenciado un desarrollo espectacular de técnicas que permiten manipular genéticamente animales y plantas. Son los organismos llamados "transgénicos": plantas y animales que han sido mejorados alterando su información genética, generalmente introduciendo determinados genes que los hacen más productivos. El caso de Dolly es un buen ejemplo. La oveja del Roslin Institute era parte de un ambicioso programa de la empresa PPL Therapeutics que tenía como objeto obtener a gran escala animales modificados genéticamente que produjeran en su leche proteínas de interés terapéutico para el hombre. El proceso de obtención de animales transgénicos es complejo y da lugar a pocos individuos, al menos si se considera desde el punto de vista de la producción a gran escala. La clonación permitiría contar con un gran número de los animales más adecuados. Otra aplicación es la posibilidad de contar con muchas copias de cerdos modificados genéticamente para que sus órganos no produzcan rechazo al ser transplantados al hombre (xenotranplantes).

 

            2. La clonación permitiría además ampliar las posibilidades de manipulación genética. Las células en cultivo de las que se parte en la clonación son un material muy adecuado para introducir o eliminar determinados genes y se ampliarían mucho las posibles modificaciones genéticas que las técnicas actuales no permiten.

 

            3. El disponer de copias idénticas de determinados animales sería muy útil para la investigación. Concretamente para conocer con más precisión cómo afecta la variabilidad genética entre individuos o la presencia de determinadas mutaciones al desarrollo de ciertas enfermedades.

 

            Junto con sus innegables ventajas, la clonación animal presenta también para algunos objeciones éticas. Las principales se refieren al impacto medioambiental que tendrían los animales clonados. Como ya se ha dicho, la variabilidad es una ventaja biológica y existe el temor de que se empobrezca el patrimonio genético de las especies por la manipulación del hombre y que eso tenga consecuencias irreversibles en el ecosistema. Sin embargo, ese peligro no parece inevitable, si se ponen las medidas adecuadas para que se respete la biodiversidad y la riqueza natural. La propia complejidad de la clonación asegura que los animales clonados no se producirían indiscriminadamente, sino que estarían limitados a fines de producción ganadera o terapeútica, y serían necesariamente un número relativamente limitado (además de que siempre serían capaces de reproducirse a su vez sexualmente).

 

 

         4. La clonación humana y sus implicaciones éticas

 

            El debate sobre la clonación humana estaba ya preparado por las discusiones éticas que se iniciaron hace años en torno a la investigación con embriones congelados, producto de la fecundación in vitro. Y es en este contexto ético donde hay que situar la clonación humana, porque desde el punto de vista técnico parece que no habría grandes impedimentos para llevarla a cabo, aunque haya factores limitantes (principalmente el número de óvulos necesarios: hicieron falta más de 400 para conseguir a Dolly...).

            Son muchas las consideraciones éticas que pueden hacerse en torno a la clonación humana. Una aproximación sería considerar el fin de la clonación: si es obtener un nuevo ser (clonación con fines reproductivos) o un embrión que será destruido para proporcionar células o tejidos (clonación humana con fines terapéuticos). Y por debajo de esas consideraciones, aparecen los principios más generales, que es necesario abordar: ¿Es en absoluto lícito generar un embrión humano fuera de la madre por el método que sea? ¿Qué tipo de actuaciones técnicas permite la dignidad propia del hombre? ¿Cuáles atentan a su integridad?

 

            a. Comencemos por la clonación con fines reproductivos. Existe entre la comunidad científica una actitud de rechazo generalizado de la clonación humana con fines reproductivos, aunque sólo sea por consideraciones prácticas: bajo porcentaje de éxitos, alto número de óvulos requerido, posibilidad de alteraciones o enfermedades en los clones...Estas objeciones, que se centran en las consecuencias negativas, no parecen tener suficiente fundamento, y con frecuencia se oye a investigadores afirmar que si hubiese un motivo realmente importante para clonar seres humanos no verían inconvenientes en que se hiciera.

            Los argumentos con un fundamento de tipo antropológico, y por tanto más sólido, podrían resumirse del siguiente modo:

            La clonación, incluso si no conllevara la muerte de embriones y tuviese un 100% de éxito dando lugar a un ser humano sin fallos, supone un atentado a la persona así generada, que tiene derecho a que:

- Ningún tercero decida su componente genético

- Tener un padre y una madre (el clonado tendría un “gemelo artificial” del que procede, y una madre de alquiler)

- Ser querido por sí mismo y no para conseguir un fin, como emular o reemplazar a alguien (planteamiento que supone, además, un desconocimiento total de cómo son los seres humanos).

 

Dicho de otro modo: la clonación reproductiva atenta a la libertad del clon, fija sus condiciones biológicas según el criterio de otros, y en ese sentido es un ejemplo dificilmente superable de manipulación del hombre por la técnica (manejada por terceros).

 

b. La clonación humana con “fines terapéuticos”: el descubrimiento de las células madre embrionarias.

En el campo de la aplicación terapéutica de los embriones se encuentra el verdadero debate que zarandea actualmente la opinión pública y a la comunidad científica. Para describir con detalle en qué consistirían esas posibles aplicaciones hay que hacer referencia a algunos descubrimientos recientes. Concretamente:

- La  posibilidad de curar enfermedades llevando a cabo transplantes no con órganos completos, sino con células, mediante la llamada terapia celular. Esto parece que sería una buena alternativa para determinadas enfermedades que son el resultado de el mal funcionamiento de una población bien definida de células. Consistiría en reemplazar las células enfermas por otras sanas. La dificultad está en conseguir tejido o células sanas que sean compatibles con las del enfermos y no provoquen rechazo.

- Las células madre embrionarias. Recientemente se ha descubierto que a partir de embriones humanos de pocos días (blastocistos: embriones de unos 6 días que contienen poco más de cien células) pueden obtenerse y mantenerse en cultivo unas células que se dividen indefinidamente y que pueden dar lugar a distintos tipos de células especializadas: endodérmicas, mesodérmicas y ectodérmicas. A esas células se les denomina “células madre embrionarias”.

 

            Combinando estos descubrimientos con la clonación, se podrían curar enfermedades del siguiente modo: mediante la técnica empleada en Dolly se generaría un embrión a partir de células diferenciadas de la persona que se quiere curar: tomando su núcleo y fusionándolo con un óvulo al que previamente se ha quitado el núcleo; el embrión se destruiría a los 6 días para obtener células madre embrionarias; se produciría un cultivo del tipo celular necesario para curar a la persona en cuestión; y por último se implantarían esas células para curar a la persona. Al proceder de un embrión idéntico a la persona de partida las células no provocarían rechazo al ser implantadas y además la posibilidad de mantener congelados los cultivos celulares proporcionaría una fuente casi ilimitada de tejidos. Hay que indicar que desde el punto de vista técnico este proceso es aún una mera posibilidad y haría falta mucha investigación para ponerlo en marcha: no se han conseguido todavía tipos celulares bien definidos a partir de células madre embrionarias ni hay evidencias de que de hecho puedan curar enfermedades.

 

            ¿Y las implicaciones éticas de este procedimiento? En este caso no hay manipulación del nuevo ser humano, como sucede en la clonación con fines reproductivos, por la sencilla razón de que ese embrión nunca llegará a término porque será destruido para ser fuente de tejidos. Ese mismo embrión implantado en un útero daría lugar a un niño, porque el proceso de clonación es idéntico sean cuales sean sus fines (reproductivos o terapéuticos). Salta a la vista que el término “terapéutico” aplicado a este proceso es equívoco: es terapeútico para un ser humano, pero a costa de la vida de otro. La ilicitud de este tipo de clonación se basa en el derecho a la vida que exige la dignidad de todo ser humano, independientemente de su grado de desarrollo. Nadie tiene derecho a la salud a cualquier precio, y menos si el precio es otra vida humana.

 

 

 

 

5. Algunas alternativas a la clonación humana con fines terapéuticos

            Existen alternativas a la clonación humana con fines terapéuticos. La más interesante es la posibilidad de conseguir células madre de origen no embrionario. En el cuerpo humano existen células que son precursoras de otros tipos celulares, células menos especializadas que podrían dar lugar a varios tipos de células dependiendo de los factores que se les añadan. Estas células pueden obtenerse del cordón umbilical, de la placenta o, en adultos, de la médula ósea y otros tejidos. Todo parece indicar que, si se investiga en esa dirección, estas células pueden resultar de un enorme potencial terapéutico. Utilizar esa células para auto-transplantes no presentaría ningún inconveniente ético, ya que no habría una nueva vida implicada. Otras posibilidades serían la modificación genética de células madre procedentes de otras personas para que no provocaran rechazo, o la existencia de bancos de células a los que se pudiera acudir para buscar células compatibles con la persona que las va a recibir.

 

            En definitiva: hay muchas vías terapéuticas que van haciéndose posibles por el desarrollo de la ciencia y que no vulneran el respeto debido a la vida humana en todas las fases de su desarrollo. Es deber de todos defender la vida humana y fomentar que se canalicen los esfuerzos de la investigación hacia lo que son verdaderos avances.

 

 

 

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